La Luz de los Ángeles Bebés
En un rincón del cielo, donde las nubes son suaves como algodón y el aire brilla con un dorado resplandor, vivían los ángeles bebés. Eran pequeños seres de luz, con alas delicadas y risas que resonaban como campanitas. Cada uno de ellos tenía una misión especial: cuidar y guiar a los seres humanos en la Tierra.
Un día, mientras jugaban entre las nubes, un ángel bebé llamado Serafín miró hacia abajo y vio a un grupo de pastores en un campo. Estaban preocupados y tristes, pues no sabían que una gran noticia estaba a punto de llegar. Serafín, curioso y lleno de energía, decidió que era el momento perfecto para hacer algo especial.
Al llegar al campo, los ángeles bebés se posaron sobre un árbol cercano. Con un suave susurro, comenzaron a cantar una melodía celestial que llenó el aire con esperanza. Los pastores, al escuchar la hermosa música, levantaron la vista y vieron a los ángeles brillando con luz divina.
“¡No temáis! ¡Os traemos buenas nuevas!”, proclamó Serafín. “Hoy, en la ciudad de David, ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. Encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
Los pastores, llenos de asombro y alegría, decidieron seguir la luz que los guiaba. Mientras caminaban, los ángeles bebés danzaban a su alrededor, llenando sus corazones de paz y amor. Sabían que su misión era importante: ayudar a los humanos a reconocer la llegada de Jesús, el niño que cambiaría el mundo.
A medida que los pastores llegaron al establo, encontraron a Jesús, rodeado de su madre María y su padre José. La luz que emanaba del niño era tan brillante que los ángeles bebés sintieron que su propia luz se intensificaba. Era un momento sagrado, donde la divinidad se encontraba con la humanidad.
Desde ese día, los ángeles han estado presentes en la historia de la humanidad. En la Biblia, se les menciona como mensajeros de Dios, guías y protectores. Desde el ángel Gabriel anunciando a María la llegada de Jesús, hasta los ángeles que acompañaron a los profetas, su papel ha sido fundamental en la narración de la fe.
Y así, la historia de los ángeles bebés y Jesús continúa, recordándonos la importancia de la fe, la esperanza y el amor en nuestras vidas. Porque, al final, todos somos parte de una gran historia, donde los ángeles siempre están listos para guiarnos.